EL CLAMOR DEL MUGIDO DE LAS VACAS A LAS QUE LES ROBAMOS A SUS TERNEROS, EL LLANTO DE LOS TERNEROS QUE LLORAN LA AUSENCIA DE SU MADRE, LA SUPREMA CRUELDAD DE LOS PINCHOS EN LOS MORROS DEL TERNERO PARA QUE SI PRETENDE MAMAR DESTROCE LOS PEZONES DE SU MADRE, CLAMAN AL CIELO.

VIVIR ENFERMOS Y MEDRAR CON LA ENFERMEDAD

Las condiciones en que viven las vacas son el caldo de cultivo de numerosas enfermedades pulmonares, digestivas, dérmicas, cardiovasculares, del sistema reproductor, del sistema locomotor (¡qué se puede esperar si la tienen inmovilizada, y encima sobre suelo de cemento!) La amenaza es constante, y las incidencias frecuentes; por eso el industrial le suministra en el pienso un antibiótico preventivo. En Estados Unidos el 80% de la producción de antibióticos va a parar a las granjas industriales. A esto hay que añadir los otros medicamentos tales como hormonas para crecer más rápido, los ansiolíticos, las cortisonas, etc. que se les suministran a los animales. En esas granjas la asistencia sanitaria es muy importante, porque las pérdidas por baja laboral (tener que tirar la leche de vacas infectadas) afectan de manera decisiva a la cuenta de resultados. La realidad última es que esas vacas viven gravemente enfermas, baste tener en cuenta que se las fuerza por lo menos a triplicar la cantidad de leche que producirían para su ternero. Y se fuerza de nuevo su sistema reproductor manteniéndolas siempre preñadas y produciendo leche. Obligando de este modo su cuerpo en aras de la productividad, ¿cómo no van a estar enfermas?

Y a todo esto hay que añadir el profundo daño emocional que se les causa tanto a las vacas como a sus terneros. La tecnificación y la reducción de riesgos sanitarios hace que el industrial prefiera alimentar él a los terneros desde el primer momento, con lo que el contacto entre madre e hijo o se reduce al mínimo o se elimina. La productividad no entiende de sentimientos y emociones. ¡Para eso están ellos! Bueno, como mucho les suministran tranquilizantes, porque la tensión primero y luego la depresión influyen en las ganas de comer y en las ganas de vivir, que descienden drásticamente y repercuten en la producción de leche. Y por si no fuese bastante el día para el sufrimiento, los avispados granjeros se lo alargan varias horas con luz artificial, porque así obtienen mayor producción de leche.

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